Ofertar, coordinar la visita, conversar y emitir el boleto de compraventa son cinco gestos que viven en la misma ficha. Cada uno deja registro de en qué quedó, así nadie tiene que acordarse de nada.
La compra de un vehículo entre dos particulares se suele caer en los huecos: el mensaje que nadie contestó, el horario que se coordinó por tres vías distintas, el precio que cada parte recuerda diferente y el boleto que alguien bajó de internet media hora antes de firmar. Ninguno de esos problemas es de precio. Son todos de registro.
En Nexel los cinco gestos de una operación viven sobre el mismo aviso, y cada uno deja asentado en qué quedó.
1. La oferta
El comprador indica el monto que ofrece y le entra al vendedor en su bandeja. El vendedor acepta o rechaza con un clic. Mientras nadie la respondió, el comprador la puede retirar; después, al volver al aviso, ve en qué quedó.
Que la oferta sea un monto registrado y no un mensaje cambia la discusión. No queda «me dijo que lo pensaba»: queda una oferta aceptada o rechazada, con su número.
2. La visita
El interesado propone día, hora y un mensaje, y el vendedor aprueba o rechaza esa propuesta concreta. Mientras no haya respuesta, el comprador puede cancelarla.
Es deliberado que se proponga un horario puntual en lugar de abrir una charla para coordinar: la ida y vuelta de «¿cuándo te queda cómodo?» es donde se pierden la mitad de las visitas.
3. La conversación
Cada aviso tiene su propio chat en tiempo real entre comprador y vendedor. Reemplaza el esquema clásico de preguntas y respuestas públicas de otros clasificados: el hilo queda abierto y cada lado va viendo lo que el otro escribe.
Es el único de los cinco que no se agota en un solo envío. No hay un pedido esperando respuesta, hay una charla que sigue — y queda guardada, que es lo que importa cuando hay que recordar qué se había acordado sobre la permuta.
4. El favorito
Un clic en el corazón y la unidad queda en la lista del interesado. Para el vendedor es información pura: ve quiénes marcaron cada aviso, sin que haya nada que contestar. Es el termómetro más temprano que hay, porque llega antes que la primera consulta.
5. El boleto de compraventa
Acá está la diferencia más grande con el trámite a mano. Cuando las dos partes se pusieron de acuerdo, el sistema arma el boleto: trae el articulado completo y deja rayas donde todavía falta un dato.
Después se completan esos huecos —los datos de las dos partes, el dominio, los números de motor y chasis, la forma de pago— y la impresión se habilita recién cuando no falta ninguno. No es un detalle menor: es lo que evita firmar un documento con un campo en blanco, que es exactamente donde después aparecen los problemas.
Lo que quedó impreso se guarda tal cual, y es lo que después se ve en el panel. Si la operación se firma o se anula, queda anotado ahí.
Los íconos: leer el estado sin abrir nada
Sobre cada publicación aparecen hasta siete íconos, y cinco de ellos solo si esa persona hizo ese gesto sobre ese aviso. Además cambian de aspecto para decir en qué quedó la cosa:
- Verde: el vendedor dijo que sí — aceptó la oferta o confirmó la visita.
- Rojo: dijo que no.
- Pintado en el color de la marca: hay algo sin ver, como una respuesta nueva en la conversación.
- Pastilla clara: el gesto está hecho y todavía nadie lo respondió.
Eso permite recorrer una grilla entera y saber dónde quedó cada cosa sin entrar a una sola ficha. Y los íconos son además el atajo de vuelta: tocarlos abre la misma acción, para retomar lo que quedó a medias.
Y el trámite después
Con el boleto firmado, lo que falta es el cambio de titularidad. La gestión de transferencia se pide desde el mismo aviso y la hace un prestador externo; después vienen, si hacen falta, el seguro, el service y el resto de los servicios sobre lo que ya es tuyo.
Ninguno de estos pasos es nuevo: se hacían igual, repartidos entre WhatsApp, llamadas y una carpeta. Lo que cambia es que ahora los cinco dejan registro en el mismo lugar, y nadie tiene que acordarse de nada.

