El mismo stock que cargás una sola vez alimenta un sitio web con tu logo, tus colores y tu dominio, donde tus propiedades no compiten con las de nadie. Darlo de alta es escribir el dominio: no hay servidores que tocar, ni DNS que migrar, ni rediseño que esperar.

Un portal de clasificados te da algo que no conseguís solo: tráfico. Pero te lo da en una góndola compartida, donde tu departamento de tres ambientes aparece al lado de otros doce iguales y la decisión del visitante se juega en el precio y en la foto. Es un canal necesario, y es también la razón por la que toda inmobiliaria quiere, además, un lugar propio.

En Nexel no son dos trabajos. Son el mismo.

Una sola carga, dos vidrieras

Lo que publicás desde el panel de control aparece en dos lugares al mismo tiempo: en el marketplace de Nexel, donde te busca el que todavía no te conoce, y en tu propio sitio web, donde solo están tus avisos. No hay que volver a cargar nada, ni exportar, ni sincronizar: es la misma publicación vista desde dos puertas.

Tu sitio muestra tu catálogo completo —y si además vendés vehículos, los dos rubros juntos o separados—, con buscador y scroll infinito. Cada aviso tiene su ficha con fotos, precio, ficha técnica y descripción. La diferencia con el portal es sencilla y es toda la idea: ahí tus propiedades no compiten con las de otros.

Con tu marca, no con la nuestra

El sitio se personaliza con tu logo y con tus colores de marca —un primario y un secundario que vos elegís—, y se alcanza por dos direcciones: el dominio interno que te damos (del estilo tuinmobiliaria.nexel.ar) y tu dominio propio, si lo tenés o si querés que te lo registremos.

Y hay una decisión de fondo que conviene decir en voz alta: ninguna pantalla de tu sitio dice "Nexel". Ni el encabezado, ni el título de la página, ni el ícono de la pestaña. Para tu cliente, ese es el sitio de tu inmobiliaria, porque lo es.

Dar de alta un sitio es escribir un dominio

Esta es la parte que suele sorprender. No hay que contratar hosting, ni configurar un servidor, ni esperar un despliegue: el sistema reconoce de qué empresa es el sitio por el dominio con el que entró la visita. Se escribe el dominio y el sitio existe.

Eso cambia el costo de tener presencia propia. Lo que antes era un proyecto web —con presupuesto, plazos y alguien a quien llamar cada vez que hay que cambiar una foto— pasa a ser una consecuencia automática de cargar bien el stock.

Y si querés más que un catálogo

El catálogo es la base. Sobre eso, cada empresa suma lo que necesita:

  • Web institucional: tus secciones propias —quiénes son, qué servicios dan, cómo contactarlos—, que no son una lista de avisos.
  • Correo con tu dominio: casillas propias con webmail, en vez de una cuenta gratuita.
  • Blog, Noticias y Reseñas: artículos propios, novedades y opiniones de clientes.
  • Asistente con inteligencia artificial: atiende las consultas de tu sitio con tus instrucciones, así responde con tu criterio y tu tono y no con uno genérico. Toda la conversación queda guardada para leerla después.

Cada módulo se contrata o se deshabilita por separado: el que no contratás no aparece en tu panel ni en tu sitio, y no lo pagás.

Qué necesitamos de vos

Tres cosas, y ninguna es técnica: tu logo, tus dos colores y la decisión sobre el dominio —el interno alcanza para arrancar, y el propio se puede sumar después sin rehacer nada—. El resto ya está armado esperando tu stock.